Análisis Musicales: Entrega 01
Hace tiempo leí en una entrevista (no me pregunten cuál), lo siguiente:
- Cuando grabó Tubular Bells, que tuvo un éxito mundial, usted era muy joven, apenas diecisiete años. ¿Cómo superó esa situación?
- No pude asimilarlo. Me escapé a las montañas, a un lugar lejano poblado por corderos. Allí, bebí mucho alcohol de manera estúpida. Fue una huida.
Oldfield se trasladó a vivir cerca de Hergest Ridge, un paisaje campestre propio de novela victoriana, donde solía para hacer volar planeadores de aeromodelismo. Era una época en la que Oldfield trabajaba mucho, intentando expresarse musicalmente a través de unas estructuras y melodías que las entrelazaba y hacía conversar. A través de esa dedicación (trabajo-paseo) Mike consiguió retrasar por un tiempo la depresión que le acechaba, con la única complicidad de un perro que le acompañaba en aquellas expediciones hacia la colina de Hergest Ridge.
Hergest Ridge es una obra muy poco conocida, poco valorada e incluso olvidada por el propio Mike Oldfield. Hergest Ridge no contiene los tambores africanos de Ommadawn ni la exitosa fuga de piano de Tubular Bells. Es un disco lento, exploratorio, en el que las melodías no se suceden de forma frenética, sino que evolucionan con un orden lógico. En modo alguno podemos decir que sea atmosférico. Es cierto que describe los paisajes y estados de ánimo, pero no se recurre a samples de lluvia o viento, sino una mera representación musical. Hergest Ridge Part II...

00:00 - Los dedos uñescos de Mike arpegian una guitarra acústica sin trampa ni cartón, sin reverb exagerado ni sonido digital, tan solo el micro y un hombre acompañando una melodía durante minutos. En seguida aparece un órgano farfisa a la izquierda y otro a la derecha, teclados artesanales que no nos abandonarán en esos 15-20 de Hergest Ridge Part II.
Con una sola guitarra acústica y unos organillos ciertamente muy vivos e inteligentes (incluso un glockenspiel juguetón) Mike consigue llenarlo todo de música. La extraña melodía que se configura se encamina hacia algo grande, sube de tonalidad y gana en intensidad progresivamente, como si estuviéramos subiendo una colina (como dijo un día amigo Astropop).
02:37 - He aquí la resolución, a un golpe de gong se abandonan dichos arpegios, y se sustituyen por el tañir de las guitarras, en una especie de Spaghetti Western (tan propio de la época) donde el bajo cabalga, la voz de rally corea y una guitarra española puntea. Todo ha ocurrido sin apenas darnos cuenta. De alguna manera es como si estuviéramos ya en la cima, contemplando kilómetros y kilómetros de páramos y de campiña.
05:22 - Ahora oscurece. La guitarra española se hace meláncólica y las mandolinas desaceleran. Inmovilizados por la belleza anterior, notamos que algo raro surge en el ambiente, previendo un cambio climatológico, ¿tal vez? Se sucede un juego de órganos y una fuga ya escuchada en el movimiento primero. Aparentemente todo está tranquilo...
07:23 - Angustiosos gritos de guerra, guitarras, timbales...
08:34 - Un secuenciador primitivo, un oboe volviendo al tema pastoral de Part I (el del oboe) para deformarlo. Y a un chispazo de guitarra, ¡booom!...
09:43 - Alguien lo tituló en su día como tormenta eléctrica. Efectivamente, llueve. Es una tormenta muy espantosa, tétrica, irritante y relajante a la vez. ¿Por qué? Porque las chirriantes guitarras nos devuelven a los sonidos ya conocidos anteriormente: punteos y melodías semiolvidadas que nos han acompañado durante todo el disco, incluso aparece la canción del troglodita del disco Tubular Bells. De alguna forma la tormenta exterior se encuentra entremezclada con nuestros propios pensamientos, como en un sueño. La tormenta eléctrica guarda significantes que ya estaban en nuestras reflexiones y recuerdos, como si de la magdalena de Proust se tratase.
15:39 - Escampa.
Salimos de nuestro refugio y retornamos a la colina. El paisaje es ahora mucho más resplandeciente, el sol irradia y el agua fluye por los regatos. No hay sampleos, ¿para qué los queremos? Es la representación musical la que nos guía. Sin corte de interrupción vuelve la guitarra acústica y el eterno farfisa, de nuevo hacia el Spaghetti Western, más sabio, más reposado, con violines, con la voz de Sally... 18:44 - Fin de la obra.

















David dijo
Enhorabuena por tu descripción, Da. Es preciosa.
Aunque tengo que reconocer, que la parte de la tormenta eléctrica suelo saltarla cuando escucho el disco entero. ¡Soy un hereje!!! ;-)
Por cierto Da, para cuadrar el texto con las fotos y el justificado, quizá encuentres alguna palabra modificada. Con los espacios del texto original se producían en algunas líneas feos espacios en blanco debido al justificado. Pero en los pocos cambios, no he variado tu significado original. Ya me comentarás...
Saludos a todos.
6 Diciembre 2005 | 12:28 PM